Levantemos nuestras ciudades

Lo hemos vuelto a ver, primero fue en Barcelona atacando un bus turístico, luego en Palma amedrentando a los turistas que disfrutaban del sol y playa, Bilbao, Oviedo… Y continuará.

“Continuará…” como tratándose de un capítulo de serie de televisión porque es la consecuencia lógica de la claudicación por parte del Estado frente al terrorismo rojo y secesionista. Y estos terroristas de la CUP, Arran (marca blanca de Terra Lliure 2.0), Sortu y demás cuadrillas nostálgicas del tiro en la nuca pretenden vender su vandalismo como una “acción de autodefensa” y “protección de los barrios” frente al modelo turístico de masas y la especulación que éste favorece. Un aplauso.

La misma izquierda que aboga por la globalización, la inmigración descontrolada, la supresión de las fronteras, el borrar cualquier ápice de catolicidad en nuestras ciudades y pueblos, etc. ahora viene a defender nuestros pueblos y ciudades de la contaminación extranjera. Una vez que han arrasado con el alma cultural y espiritual de los pueblos de España aparecen con una nueva monserga que justifique su kale borroka, porque ese es su ideario: la violencia como fin.

Ahí están y actuando con total impunidad, con la condescendencia de politicastros y cotorras periodísticas que primeramente y de la forma más solemne en un plató de televisión (que no es otra que la del bramido y el mugir) se desmarcan de estos actos vandálicos, pero a su vez dan alas a la corriente antisistema creando una opinión pública simpatizante con sus ideas.

Y justo en frente, nosotros. Nosotros que carecemos de formas solemnes, y a Dios gracias, pero siempre con la palabra adecuada e incisiva, que une a un barcelonés, madrileño o bilbaíno en un único pueblo espiritual, España. Y que este pueblo, arrancadas sus raíces tanto por la izquierda atea y antihispánica como por el liberalismo burgués y capitalista, solamente puede ser tal si se reencuentra a sí mismo.

No nos gusta la especulación turística, ni el turismo de borrachera, ni las calles y barrios convertidos en atracciones para foráneos. Pero denunciamos también unas ciudades y barrios orientados al consumismo, que han acabado con los pequeños negocios y las empresas familiares; la violencia y el vandalismo en numerosos barrios; la proliferación de sectas protestantes y mezquitas; la perversión de los más inocentes a través de la pornografía y sex-shops en cada esquina; la invasión de barrios enteros por la inmigración musulmana y oriental; el borrar la Historia de nuestras calles y plazas, etc.

Si ellos destruyen nuestras ciudades con el terrorismo callejero a nosotros nos toca levantarlas.

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