“La verdad de la Democracia” por Carlos Rodríguez

En cualquier diccionario actualizado, la palabra Democracia se define como “Pueblo que se gobierna por sí mismo”, si es de modo representativo sería democracia indirecta y si es sin representantes sería democracia directa.

También, si consultamos la palabra “pueblo” comprobamos que después de otros muchos conceptos, figura, casi de forma disimulada, la palabra “Etnia”. En otros diccionarios menos actuales, pueblo, entre otras definiciones, se encuentra la de “grupo de personas con la misma raza, cultura, lengua y religión, que habitan en un mismo territorio. En el más estricto sentido antropológico podíamos observar que los pueblos clásicos y actuales, son compactos por su morfología física: Pueblo Pigmeo, Pueblo Saharaui, Pueblo Esquimal, … presentan todos una misma forma social. Por eso, que nadie se asuste si decimos que hablar de democracia es hablar de raza.

Por otro lado, los historiadores consideran que el primer político demócrata de la historia fue Pericles, es más, muchos le tienen como el inventor de la democracia. Pericles, estadista ateniense (no griego) que convirtió la federación de Delos en el Imperio Ateniense, rodeándose de grandes artistas como Fidias, que dotaron al imperio de una inmensidad de obras de arte y cultura. Pericles desarrolló el poderío ateniense luchando contra los persas y los espartanos. Otro estratega sufrió una suerte parecida en una historia similar. Hitler, también soldado en la 1ª guerra mundial del ejercito de Baviera, amante del arte y de su cultura germánica quiso desarrollar el poderío germano en Renania, Austria, Checoslovaquia y Polonia. Uno y otro personajes tenían las mismas sensaciones de superioridad étnica, y pretendían todos los poderes y grandeza para sus respectivos pueblos en sus diferentes épocas. Ambos fueron derrotados, lo que sucede es que del primero (Pericles) habla la historia y del segundo, las “historietas” manipuladoras. No olvidemos que después de la II guerra mundial, la primera gran derrotada fue la Verdad. Cada uno que piense lo que quiera. La otra gran derrotada fue Europa, digan lo que digan.

Después de exponer las dos similitudes y hechos históricos con 2500 años de diferencia entre ellos, no parece disparatado llegar a la conclusión que la verdadera democracia es verdaderamente el régimen más odiado por los que dicen ser demócratas, con una diferencia favorable a las germánicas, que el partido llegó al poder después de una victoria en un sufragio democrático sin ningún tipo de duda y anunciando la abolición del sistema parlamentario. Tampoco fueron derrotados políticamente, fueron derrotados por las armas.

Después de hacer pensar a algunos y enfadar a muchos por haber citado dos acontecimientos tan verdaderos como semejantes, vamos a sacar otras conclusiones de lo que es la democracia política, es decir, la científica artificial. La de Pericles y Adolfo eran más antropológicas, más humanas que las actuales.

Todos estaremos de acuerdo si decimos que los triunfos de la democracia política se basan en el mayor número de votos, bien por mayoría absoluta de un partido o coalición, o por mayoría parlamentaria con el apoyo de otros grupos. Todos con el oscuro interés de las sanguijuelas apátridas y económicas.

Los genios están en minoría, cuando no en soledad, la mayoría siempre significa vulgaridad y torpeza borreguil; por lo tanto, la mayoría absoluta es la consecuencia de la unidad vulgar de los absolutamente torpes. ¿Cuántos han escrito como Cervantes, Quevedo, Garcilaso?, por poner un simple ejemplo, pues la respuesta es: casi nadie, por eso, los tres genios citados nunca serían una opción de gobierno. Lo mismo sucedería con Velázquez, Murillo o Goya y así, con todos los artes y ciencias. ¡Las mayorías siempre son idiotas y tienden a elegir golfos!

Conclusión: la democracia se puede definir como “el poder de los tontos dirigidos por los sinvergüenzas”.

En el mejor de los casos, la única oportunidad que da el sistema democrático a sus estúpidos votantes es la de cambiar a un tirano por otro. La democracia te da la libertad de elegir a tu propio tirano. Torpe consuelo y necia alegría.

Pero antes de cometer la memez de depositar las papeletas en las urnas, los partidos políticos empiezan sus campañas electorales prometiendo lo que no tienen ninguna intención de cumplir, tratando de quitar votos a los demás partidos con sus engaños.

Conclusión: también la democracia es el espacio de los mentirosos y los ladrones. Mentir y robar, lo que haga falta para llegar al poder. Todo muy democrático, eso sí.

Si nos damos cuenta, una vez ocupada la correspondiente cámara, todos son amables con sus contrarios ¿para qué entonces la democracia científico política? ¿No habíamos quedado en que la democracia es una guerra de ideas, incluso opuestas, y que triunfa la mayoría? ¿para qué el consenso? Pues porque el consenso es un simple acuerdo entre ideas diferentes.

Lógica conclusión: la democracia y el consenso son antagónicos.

Cervantes y compañía nunca llegarían a un consenso con los protestantes ni con los sarracenos, pero no dudarían en enfrentarse a ellos para derrotarlos y no precisamente en las urnas, como así lo hicieron.

Dios, la Creación, la Naturaleza, la Patria, el Valor, la Cultura, la Espiritualidad, el Honor, la Lealtad… no son democráticas ¡son eternas!

Históricamente, la democracia, por su relativismo, ha sido condenada y
excomulgada por el Papado, pero no vamos a perder tiempo en esto porque después del Concilio masónico Vaticano II si hurgamos podríamos encontrar de todo. Todo menos la Gracia de Dios. De cualquier manera, no está de más recordar que el único deicidio de la historia fue acordado “democráticamente” por los judíos ante el liberal lavado de manos de Pilatos. Elige pueblo, elige ¿a quién matamos y a quién salvamos? Salvaron a Barrabás y condenaron a Cristo y le mataron, no por decir que era hijo de Dios, que además lo era, es que los judíos querían la falsedad de un dios genético, exclusivamente para los hebreos. Roma se lava las manos mientras colaboraba con el sanedrín en el asesinato de Cristo.

Esto sirve de ejemplo para valorar el “consenso”, dos posturas diferentes acuerdan colaborar en la humillación, martirio y muerte del Dios Verdadero. En cualquier caso y manera, unas décadas más tarde, romanos y hebreos judíos rompieron su acuerdo y Roma destrozó el templo de Jerusalén, matando a miles de judíos ¡toma democracia!¡toma consenso! Y ¡toma lavado de manos!

Sano es recordar la obsesión permanente con adjetivar lo que interesa con la palabra “democracia”, cuando nadie ha explicado en qué consiste verdaderamente ni para qué sirve.

En cierta ocasión, el escritor falangista Agustín de Foxá, en una de sus muchas conferencias, que dio en círculos culturales de Hispano América, explicó que hubo un tiempo en el que los españoles se sentían representados en todos los aspectos con la Corona y veían al Monarca como ejemplo de justicia. Por lo que, si fuera necesario, serían capaces de morir por el Rey. Al decir esto, se oyó una voz en el auditorio, levantándose el progre de turno y exclamando “Pues nosotros somos capaces de morir por la democracia”, a lo que el escritor falangista respondió: “Pues lo siento por ustedes porque eso es lo mismo que morir por el sistema métrico decimal”. Ingeniosa y adecuada respuesta, porque la democracia consiste en lo mismo que el citado sistema métrico, contar, medir y pesar, no importa qué, ni para quién, ni para quienes, ni para nada, únicamente conseguir mayorías a cualquier precio.

Como demócratas se definen los marxistas, los liberales, los separatistas de toda corriente y sus primos menores, los democristianos, los socialdemócratas y los románticos de aldea. Demócrata es el día del orgullo gay, el aborto, el desempleo, los pactos para la explotación laboral, la ley de memoria histórica, la ley de violencia de género y demás zarandajas de los adictos a la democracia masónica.

Algunos aseguran que la democracia no es mala, que es nuestra democracia, que es imperfecta e incluso malvada, que los políticos españoles nunca han sabido alcanzar una democracia positiva para España y que, sin duda, hay democracias mejores.

Que esta democracia es mala, es lo mismo que decir que una enfermedad es mala ¿Hay alguna enfermedad que no sea mala? Las habrá más letales, como la que padecemos, pero ¿buena? ¿Qué enfermedad es buena? ¿A qué enfermo le recetan una enfermedad para que sane de otra? ¿Y si el trinomio –España-políticos españoles-democracia nunca logra nada positivo ¿Por qué nos atosigan tanto con la democracia? ¿Democracia por encima de todo y de todos? Hace falta más democracia en nuestra democracia!! que es lo mismo que querer curar con fuego a los quemados.

La democracia en un sufragio y en un parlamento es como poner al mismo nivel al violador y a la violada, al asesino y a la víctima, al ladrón y al robado, al malo y al bueno, al separatista y al patriota… así en cualquier aspecto y circunstancia. ¿Hay algo más estúpido?

La democracia científica sociológica y política, en su esencia más liberal, no es más que un medio del capitalismo para controlar la economía, explotar a los trabajadores dejándoles el “consuelo” de elegir su propio explotador en los parlamentos y en los representantes sindicales al servicio de las compañías transnacionales.

Carlos Rodríguez
Jefe Nacional del sindicato T.N.S.

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